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Comentario de Actualidad
Por Luis Alberto Guerrero

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Dramática escena en que Nixon formula renuncia al cargo, flanqueado por su familia.

TOLEDO: POR EL MISMO CAMINO DE NIXON

 

El camino de la mentira y el encubrimiento estaría conduciendo a Toledo a un final desastroso. Las similitudes entre lo que viene sucediendo en el Perú, a propósito del caso de las firmas falsas, y la del llamado Caso Watergate, son inquietantes.

 

Alejandro Toledo Manrique y Richard Milhous Nixon no solo comparten un origen familiar modesto, que los llevó desde precarios orígenes hasta las cumbres del poder, sino que también –dentro de un marco histórico- están a punto de compartir un final parecido: Nixon se vio obligado a renunciar en 1974 por el Caso Watergate, y Toledo nuevamente confronta las vicisitudes de una pérdida anticipada del mandato.

Detrás de ambos casos hay una maraña de mentiras y encubrimientos. Toledo al igual que Nixon se ha empeñado en guardar silencio, o negar, lo que inevitablemente resulta siendo cierto. Solo la fuerza contundente e irrebatible de las pruebas arrinconó a Nixon y lo llevó a renunciar, pero Toledo en vez de dar la cara y explicar de una vez por todas lo que pasó sigue terca y empecinadamente –mal aconsejado evidentemente- en caminar por el vía crucis de su vacancia anunciada.

 

EL SÍNDROME WATERGATE

La sombra del Caso Watergate gravita en todo instante sobre Alejandro Toledo. Hay que recordar que Richard Nixon no fue cuestionado fundamentalmente por el allanamiento del cuartel de campaña demócrata en el Edificio Watergate de Washington sino por el encubrimiento y la mentira que rodearon a ese hecho, que le hicieron negar que tuviera que ver con el caso.

Las investigaciones periodísticas y judiciales –ambas gradualmente y en simultáneo- llevaron sin embargo al convencimiento de que Nixon estaba embarrado hasta el cuello en dicho allanamiento, en el cual se chuponeó las líneas telefónicas para posibilitar la escucha subrepticia de las conversaciones del adversario. La odisea entró a la recta final sobre todo cuando se reveló las conversaciones que al respecto había tenido el propio Nixon en su despacho de la Casa Blanca, y que habían sido grabadas por un sistema instalado a tal efecto y del cual Nixon quizás no se acordaba.

Cuando se enteró de la existencia de tales grabaciones, Nixon se apoderó de las cintas, y ante el requerimiento de que las entregara cometió el desatino de editarlas y borrar partes sustanciales de los diálogos, especialmente en lo que pudiera incriminarlo. Hasta el final, incluso cuando renunció, Nixon proclamó inocencia, pero las investigaciones demostraron su participación directa en los hechos investigados, incluso al ordenar al FBI  que detuviera las investigaciones al respecto.

 

INMORAL DE PRINCIPIO A FIN

Tan pronto como el escándalo Watergate salió a la luz, fueron desveladas una serie de actividades ilegales paralelas: desde 1971 un grupo perteneciente a la Casa Blanca, había intentado obstaculizar las filtraciones de información a los medios de comunicación. El Gran Jurado acusó al asesor especial de Nixon para asuntos nacionales John Ehrlichman, al consejero especial de la Casa Blanca Charles Colson y a otros funcionarios de irrumpir en el despacho de un psiquiatra a fin de obtener documentos para ser utilizados en contra de Daniel Ellsberg, quien había publicado los denominados 'papeles del Pentágono'.

Además, los investigadores descubrieron que la administración Nixon había solicitado grandes cantidades de dinero durante una campaña ilegal de donativos (utilizadas para financiar el espionaje político y para pagar más de 500.000 dólares a los asaltantes del edificio Watergate) y que ciertos funcionarios gubernamentales habían mentido sistemáticamente sobre su participación en la intervención de las comunicaciones y en el posterior encubrimiento de los hechos. Por otra parte, funcionarios de la Casa Blanca testificaron que en 1972 habían falsificado documentos para implicar al presidente John Fitzgerald Kennedy en el asesinato del presidente survietnamita Ngô Dinh Diêm (1963) y para acusar al senador Hubert Horatio Humphrey de conducta inmoral.

 

TENEBROSAS SIMILITUDES

En nuestro criollo Watergate hay inquietantes similitudes de proceder inmoral, o por lo menos de accionar poco claro. Existen testigos de una masiva falsificación de firmas para inscribir al partido País Posible (hoy Perú Posible) de Toledo, los mismos que son sujeto de investigación. Por lo menos dos de las testigos han implicado directamente al Presidente Toledo (entonces candidato Toledo) en dicha falsificación.

En vez de aclarar de inmediato tan grave imputación, el hoy Presidente de la República se ha refugiado primero en el silencio, y luego protagonizado una oscura maniobra que a todas luces habría sido coordinada desde Palacio de Gobierno, pues están implicados directos colaboradores y amigos presidenciales como Freddy Otárola y Dante Matos, que no podrían haber actuado de motu proprio sin el conocimiento de Toledo, sobre todo en un asunto tan delicado. Es más, se ha implicado a una serie de funcionarios del Estado para expedir entre gallos y medianoche pasaportes para sacar del país a una de las testigos más venenosas: Carmen Burga (en compañía de su familia), en un operativo tipo comando chicha del cual también tenían conocimiento los altos líderes del partido Perú Posible que muy sueltos de huesos presentaron un video presuntamente exculpatorio, en el cual la testigo antes de su extrañamiento "voluntariamente" se retractaba de sus declaraciones iniciales. En este gobierno, también, un Ministro de Justicia –Olivera precisamente- fue portador de cartas falsas destinadas a difamar al actual Cardenal Juan Luis Cipriani y al Nuncio Apostólico Rino Pasigato. Existe además la acusación –actualmente en investigación- de que el Presidente Toledo era el destinatario de una coima de dos millones de dólares de la cervecera Bavaria, vía su asesor personal, abogado, incondicional y amigo César Almeida, actualmente encarcelado. No se ha aclarado fehacientemente, tampoco, porque se dice que es un asunto "privado" la donación de un millón de dólares por parte del empresario Soros para la llamada marcha de los cuatro suyos,  de los cuales se "guardó" más de la mitad en una cuenta privada de "Coqui" Toledo, sobrino del Presidente, en un banco norteamericano. Tampoco se investiga como debe ser –y en esto está implicado el Contralor de la República, Genaro Matute, otro amigo personal de Toledo- los despilfarros en Petroperú, las irregulares concesiones de licitaciones en Corpac, la vergonzosa utilización de un crédito de cinco millones de dólares en Conapa que en vez de beneficiar a los nativos de la selva pagó jugosos sueldos a favoritos de la Primera Dama Eliane Karp; y otra serie de desaguisados en los cuales están implicados hermanos, cuñados, sobrinos y demás parientes presidenciales.

 

TODA UNA CAMARILLA DE IMPLICADOS

Si en el Caso Watergate, Nixon contó con la complicidad de toda una camarilla de allegados, entre ellos su Ministro de Justicia (Fiscal General) John Mitchel, su consejero presidencial John Dean, y el jefe de personal de la Casa Blanca H.R. Haldeman, (Nixon al parecer no tenía hermanos o sobrinos de malas costumbres) en el Watergate doméstico Toledo ha contado con la colaboración de familiares, asesores, funcionarios, dirigentes partidarios, ministros y ex Ministros, incluso del ex Ministro de Justicia y hoy Embajador en España Fernando Olivera, a quien se sindica como la inteligencia nefasta detrás de este oscuro problema. Todos ellos unidos por el cordón umbilical de la mentira, tratando a toda costa de impedir las investigaciones que pudieran llevar a la verdad, y al eventual castigo de los culpables. Cuidan no solo su cabeza, sino evidentemente sus privilegios y sus sueldos.

No otra cosa puede inferirse de la negativa rotunda a concurrir a una comisión investigadora parlamentaria que trata de acercarse a la verdad (ante el derrumbe de sus argumentos, parece que el Presidente flexibiliza la negativa, aunque insiste en que no se graben sus palabras. Extraño proceder, pues quien no ha hecho nada malo no teme que se graben por su propia seguridad hasta sus más mínimas expresiones).

Igual que en Watergate, Toledo procede a liquidar a los presuntos responsables sólo cuando la prensa demuestra clara evidencias de su implicación en los hechos. Nixon cesó a Dean, y aceptó las renuncias de Haldeman y Ehrlichman; Toledo aceptó las renuncias de Otárola y Matos en el "caso Burga".

 

LA PRENSA DEMOLIÓ A NIXON

En el Caso Watergate, el periodismo norteamericano, empezando por The Washington Post, dio la prolongada batalla para sacarlo del cargo. Dos periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward ganaron el Premio Pulitzer por sus investigaciones. Aquí, en el Perú, no está en juego ningún premio nacional como el Pulitzer, pero los diarios más importantes, casi al unísono, con las excepciones que confirman que el poder de hoy es tan corrupto como el de ayer, están dando la batalla para llegar a la verdad. Hay que estar ciego, sordo o mudo, o tener intereses creados muy fuertes como parece ser el caso del empresario Genaro Delgado Parker, para no sumarse a esta cruzada por la verdad, por la limpieza en el juego político, por saber si efectivamente estamos gobernados por un hombre moral. ¿No merecemos los peruanos conocer la verdad, cualquiera sea el tiempo que pase?. Hay que destacar también el rol que cumplen destacables programas políticos de televisión como "La Ventana Indiscreta" de Cecilia Valenzuela y "Hoy con Hildebrandt" de César Hildebrandt, que no se han dejado amedrantar ni seducir por el poder, y particularmente también a Baruch Ivcher, accionista mayoritario de Frecuencia Latina que alberga a estos dos programas, únicos baluartes de una investigación imparcial, ya que "Cuarto Poder" de América Televisión luce mediatizado desde la salida de Carlos Espá luego de las evidentes presiones oficiales a raíz precisamente de este caso, y "Panorama", bueno, ha dado las más censurables muestras de obsecuencia al arreglar una entrevista al más puro estilo montesinista.

 

HAGAMOS UN POCO DE HISTORIA

El allanamiento del Hotel Watergate ocurrió el 17 de Junio de 1972, cuando la policía detuvo a cinco hombres que trataban de intervenir las líneas del Comité Nacional Demócrata. Pasó cerca de un año para que el 30 de Abril de 1973 Nixon se desprendiera de sus colaboradores, vía el cese o la renuncia. En Mayo de ese año empezaron las audiencias y las asombrosas revelaciones, como que Nixon había autorizado el pago a los asaltantes para que guardaran silencio (¿No habría hecho lo mismo Toledo con Carmen Burga?). El gobierno negó esta acusación (¿No ha hecho lo propio una y otra vez el ubicuo Primer Ministro Carlos Ferrero?).

El 16 de Julio de 1973 un asesor de la Casa Blanca al testificar ante el procurador especial Archibald Cox reveló la existencia de las cintas que registraban las conversaciones de Nixon. Cox pidió a Nixon la entrega de ocho cintas que sustentaban lo dicho por John Dean acerca de la participación de la Casa Blanca en el allanamiento del Edificio Watergate y su posterior encubrimiento (allá los procuradores defienden efectivamente al Estado no como acá que defienden a las personas).  La respuesta de Nixon no pudo haber sido más descabellada: el 20 de Octubre pidió al Procurador General Elliot Richardson que cesara a Cox, a lo cual este se negó y renunció. Fue el Fiscal General del Estado (Aquí habría sido Olivera si se hubiera dado el caso) el que cesó a Cox, lo cual provocó el unánime rechazo del pueblo norteamericano (¿No está sucediendo lo mismo en nuestro país?). En respuesta Nixon nombró a otro procurador especial: León Jaworski  (¿No echó Toledo al Procurador Luis Vargas Valdivia y nombró a su antiguo amigo Antonio Maldonado, que no mueve un solo dedo sin consultar con Palacio?). Cuando las cintas fueron entregadas algunas de las conversaciones pedidas habían desaparecido, y otras habían sido borradas en parte (Felizmente aquí están a salvo todos los planillones de firmas falsificadas, y la aplicación de un software identificador viene demostrando que hubo un procedo evidentemente manejado por un equipo, y que las firmas falsas no son fruto de la casualidad pues siguen un patrón sólo explicable con la existencia de una fábrica especialmente montada para el efecto).

 

TARDE O TEMPRANO SE CONOCE LA VERDAD

En marzo de 1974, el Gran Jurado acusó a Mitchell, Haldeman, Ehrlichman y otros cuatro funcionarios más de la Casa Blanca de participar en el encubrimiento del caso Watergate y consideró a Nixon como 'conspirador sin encausar'. El Tribunal Supremo ordenó a Nixon la entrega de la totalidad de las grabaciones.

En la noche del 29 al 30 de julio de 1974, una comisión judicial nombrada por la Cámara de Representantes aprobó tres impeachment (formulación de una acusación contra el presidente o algún alto funcionario del gobierno de Estados Unidos) que acusaban a Nixon de abuso del poder ejecutivo, de obstrucción a la justicia y de no protección de la Constitución.

El 9 de agosto de 1974, Nixon pasó a ser el primer presidente de Estados Unidos que presentaba su dimisión. Tuvo que hacer frente a una acusación por su supuesta implicación en un allanamiento ocurrido en la sede electoral del Partido Demócrata. Aunque proclamó su inocencia, ciertas grabaciones demostraron que había organizado una coartada con respecto al papel de su gobierno en este allanamiento y había ordenado al FBI detener las investigaciones al respecto.

Habían trascurrido dos años y dos meses. Ríos de tinta habían corrido en los periódicos, pero la verdad salió a flote.

Así terminó en los Estados Unidos el Caso Watergate, no se cerró antes de tiempo, como Toledo y sus allegados quieren que aquí suceda. Hay todavía mucho por conocer y, ténganlo por seguro, la verdad saldrá a flote.

 

Partes de este informe están basados en material de la Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

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